Trombosis venosa o síndrome de la clase turista.
 

El problema de la trombosis venosa en los vuelos de larga duración es conocido desde hace varias décadas y, de hecho, fue descrito por primera vez por Homans en un médico que desarrolló una trombosis venosa profunda después de un vuelo de 14 horas. Posteriormente, en el año 1977, fue descrito por Symington y Stack como el “síndrome de la clase turista” debido a la posición – las piernas dobladas- que los viajeros mantienen durante las horas del vuelo. La trombosis venosa y/o el embolismo pulmonar suelen manifestarse en las primeras 72 horas después del vuelo, sin embargo en muchas ocasiones los síntomas son mucho más tardíos, hasta 2 semanas después del viaje, con lo que es muy difícil que tanto el médico como el paciente lo relacionen con el mismo.


En la actualidad desconocemos la frecuencia de éste fenómeno y existen datos contradictorios sobre la relación del vuelo con el desarrollo de la trombosis: unos defienden que el riesgo de trombosis en los viajeros es 4 veces superior que a la población no viajera (Ferrari) y otros que es similar (Kraaijenhagen). Sin embargo, todo el mundo está de acuerdo en que el vuelo facilita el desarrollo de trombosis y son necesarias una serie de recomendaciones para disminuir éste fenómeno.


El embolismo pulmonar que se puede producir en los viajeros se debe a la liberación de trombos formados durante el viaje en las venas profundas de las extremidades: piernas y muslos. La formación de los trombos está favorecida por varios mecanismos: 1) el principal es el éstasis venoso derivado de la posición de las piernas durante el viaje. Al permanecer las piernas dobladas y -más aún- si están cruzadas durante varias horas, se produce una obstrucción al flujo venoso de retorno por la presión ejercida por el asiento sobre las venas en el hueco poplíteo. El enlentecimiento del retorno venoso es un claro factor favorecedor de la trombosis; 2) el ambiente extremadamente seco del avión favorece la deshidratación, que en muchos casos está agravada por el consumo de alcohol, que tiene efecto diurético, lo que aumenta la viscosidad sanguínea; 3) la toma de sedantes e hipnóticos, buenos para conseguir dormir unas horas durante el vuelo, facilitan la inmovilización del viajero y, por tanto, el mantener posiciones inconvenientes para el retorno venoso; 4) finalmente, existen una serie de factores personales predisponentes que favorecen el desarrollo de las trombosis venosa (Tabla 1) como son los estados de hipercoagulabilidad, cirugía previa, embarazo, etcétera.



Tabla 1. Factores predisponentes de enfermedad tromboembólica.


Edad superior a 60 años.

Consumo de tabaco.

Hipetensión arterial.

Embarazo y postparto.

Anticonceptivos orales.

Terapia hormonal sustitutiva.

Estados de hipercoagulabilidad.

7.1.tumores.

7.2. cirugía.

7.3. traumatismos.

8.Trombofilia

8.1. mutación factor V de Leiden.

8.2. homocisteinemia.

8.3. síndrome antifosfolípido.




En cualquier caso es muy importante adoptar las medidas preventivas necesarias para disminuir al máximo esta potencial complicación del viaje, particularmente aquellos que tienen algún factor de riesgo conocido de antemano.


Medidas preventivas:


Viajar en clase superior, de tal forma que hay mucho más espacio disponible para estirar las piernas y moverse por la cabina.

Viajar en la compañía aérea que más espacio tenga en clase turista.

Escoger un asiento al lado del pasillo.

Vestir ropa holgada, evitando los calcetines altos, cinturones y medias que opriman.

Beber abundantes líquidos antes, durante y después del vuelo.

Evitar el consumo de alcohol, sedantes e hipnóticos durante el vuelo.

Realizar paseos cortos por la cabina cada 1 o 2 horas.

Hacer ejercicios de contracción y estiramiento de las musculatura de la pantorrilla (elevando los dedos del pié, como para andar de talones y al revés, elevando los talones como para andar de puntillas).

Empleo de medias altas (“pantis”) de compresión media.



Medidas preventivas farmacológicas:


La profilaxis con fármacos, además de las medidas generales anteriormente descritas, está particularmente indicada en las personas que tienen factores de riesgo tromboembólico conocido, o aquellos que han padecido previamente trombosis venosa. En el momento actual disponemos de dos fármacos extremadamente útiles para prevenir esta complicación: el ácido acetil salicílico (Aspirina) y las heparinas de bajo peso molecular.


La Aspirina es un antiagregante plaquetario cuya eficacia para reducir en más del 25 % los casos de trombosis venosa se ha demostrado en varios ensayos clínicos (Antiplatelet Trialists´Collaboration, PEP study). Un comprimido de Aspirina de 500 mg tomado una hora antes del vuelo es una dosis suficiente para prevenir en gran medida ésta complicación y su uso puede ser de gran utilidad para todos los viajeros, siempre y cuando no tengan contraindicaciones para su empleo (hipersensibilidad, úlcera, etcétera).


La heparina de bajo peso molecular podría reservarse para los sujetos con más de un factor predisponente, cirugía muy reciente o portadores de una escayola en las extremidades. Se debe administrar la dosis por vía subcutánea una hora antes de iniciar el vuelo. La dosis que se debe administrar varía en función de las marcas pero, por ejemplo, sería de 20 mg en el caso de la enoxiheparina.