Vómitos.
 

VOMITOS.



El vómito es un fenómeno que ocurre con cierta frecuencia durante los viajes, estando habitualmente precedido de nauseas y arcadas. Las causas que lo originan pueden ser diversas, pero en los viajeros la más frecuente es el consumo de agua o alimentos contaminados con microorganismos o toxinas. En esta circunstancia los síntomas digestivos suelen aparecer en las primeras 24 horas después de haber ingerido la sustancia contaminada y el viajero comienza con sensación nauseosa, vómitos de contenido alimentario al principio y, posteriormente tan sólo elimina saliva o contenido gastro-biliar y, en muchos casos, se acompañan de dolor abdominal y diarrea.


Otras causas de vómitos tienen su origen en el laberinto (oído) como ocurre en los casos de vértigo y del mareo, por ejemplo, en las travesías por mar, o en el propio sistema nervioso central (meningitis, encefalitis, tumores, etcétera).


Algunos medicamentos (digoxina, analgésicos, sustancias anticancerosas, antibióticos, etcétera) y enfermedades del estómago y del intestino (úlcera, gastritis, apendicitis, obstrucción intestinal, etcétera) pueden también inducir al vómito.


Las nauseas y las arcadas, que habitualmente preceden al vómito, se pueden acompañar de otras sensaciones como son la palidez cutánea, sudación fría profusa, debilidad, decaimiento y mareo (llamados síntomas “vagales”). En los casos más graves es preciso que el paciente se tumbe, siempre de lado y nunca boca arriba, con el fin de que se alivien los síntomas.


El reflejo del vómito está regulado por unos centros nerviosos localizados en el cerebro y que reciben los estímulos bien del tubo digestivo, del laberinto o del propio cerebro. Se provoca la contracción de la musculatura del abdomen y del diafragma haciendo que el contenido del estómago siga un curso inverso hacia la boca.


Si los vómitos son persistentes pueden llegar a provocar la deshidratación del paciente, sobre todo en niños pequeños y ancianos. En algunos casos, después del vómito pertinaz, se produce una erosión de la mucosa del esófago que puede llegar a sangrar, observando, en estos casos, la presencia de vómitos con sangre. Los vómitos que aparecen en la meningitis suelen ser bruscos y no precedidos de arcadas, son los llamados en “escopetazo”, aunque esto no siempre es así.


La desaparición de los vómitos depende de la corrección de la causa que los provoca, por lo que el tratamiento debe ir dirigido en este sentido. Sin embargo, para aliviar estos síntomas existen unos medicamentos denominados “antieméticos” que reducen de forma significativa la sensación de nausea o vómitos. Estas sustancias siempre se debe emplear con prescripción médica ya que pueden tener efectos secundarios importantes si se emplean a altas dosis o durante un tiempo prolongado.


Los vómitos continuos, de larga duración (más de dos o tres días), aquellos que se acompañan de dolor de cabeza intenso, fiebre alta, dolor abdominal de gran intensidad o vértigo persistente requieren la consulta con un médico.


Como medidas generales no farmacológicas en los casos de comienzo reciente y sin posibilidad de atención médica se recomienda evitar la toma de alimentos sólidos, se puede intentar la toma de líquidos en pequeñas cantidades, con azúcar y limón.