La tungiasis es una enfermedad parasitaria cutánea. Se adquiere por contacto directo de la piel con el parásito adulto, generalmente en suelos arenosos y húmedos. Aparentemente la enfermedad es originaria del continente americano y desde allí se extendió en el siglo XIX debido a tripulaciones infectadas de los barcos. Hoy día es endémica en Centro y Sudamérica, África tropical, costa oeste de India, Pakistán e islas Seychelles. Afecta exclusivamente a la piel.


MICROBIOLOGIA.


La causa es una pulga llamada Tunga penetrans o “pulga de la arena” o “nigua”. El adulto mide 1mm, tiene un color rojizo amarronado y vaga libremente por terrenos arenosos o por el barro. Los machos mueren al poco de la fecundación y las hembras necesitan completar el ciclo en un huésped. Cuando consiguen adherirse a la piel del huésped, la cabeza penetra en la epidermis rompiendo la queratina por mecanismos que todavía no están bien aclarados. Se aloja entre la epidermis y la dermis, se alimenta de sangre de los pequeños vasos dérmicos y crece siempre con la misma orientación: la cabeza en la dermis y la cola hacia el exterior para respirar y eliminar los huevos. La pulga crece hasta 1 cm a expensas del abdomen, sobre todo por el gran tamaño que alcanzan sus ovarios llenos. Una vez los huevos están maduros y en número 100 ó 150 (lo que ocurre más o menos al cabo de 2 semanas), se eliminan todos los huevos y el adulto muere eliminándose poco a poco. Posteriormente se reepiteliza el cráter. Los huevos en el exterior se rompen y sale una larva que, tras formar un capullo, da lugar a un adulto en unas 3 ó 4 semanas.



MECANISMO DE TRANSMISIÓN


No se requiere ningún huésped intermediario ya que el adulto es directamente el que invade la piel del huésped. Otros animales pueden ser también huéspedes de la Tunga contribuyendo a la perpetuación de la enfermedad, sobre todo animales domésticos (perros, cerdos y gatos).





PRESENTACIÓN CLÍNICA.


La afectación es sólo cutánea y la lesión inicial es una pápula eritematosa no pruriginosa de pequeño tamaño. Cuando la pulga crece, se transforma en un nódulo eritematoso, pruriginoso con un centro negro (lesión en ojo de buey), que puede llegar a impedir el caminar. Es muy frecuente que haya una infección bacteriana secundaria y que el cuadro se presente como un absceso cutáneo. Ocasionalmente puede ser causa de celulitis con o sin pústulas, diseminación subcutánea, erisipela y linfangitis. La presentación más frecuente con diferencia es en los pies, sobre todo en tobillos, dorso y espacios interdigitales. También son frecuentes en área plantar, especialmente en niños. Otras localizaciones menos habituales son áreas glúteas, periné y genitales, sobre todo en niños por su hábito de permanecer sentados en el suelo.




DIAGNÓSTICO.


Las lesiones son tan características que normalmente no se confunden al verlas, y más cuando se trata de alguien que vive en área endémica o que ha viajado allí en las últimas semanas. En caso de duda se puede recurrir a la extracción del parásito con una aguja estéril. En general no es necesario recurrir a la biopsia.



HALLAZGOS PATOLÓGICOS.


Cuando se hace una biopsia de la lesión se encuentra el ejemplar hembra adulta alojada en la epidermis, con la cabeza erosionando la dermis y una abertura a la superficie epidérmica. Son fácilmente reconocibles los órganos internos de la pulga: un ovario (que puede llegar a ser hasta el 75% de todo el cuerpo del parásito), los anillos traqueales y el intestino. El parásito está rodeado por una cutícula engrosada y puede haber un infiltrado inflamatorio en la dermis adyacente.




TRATAMIENTO.


Consiste en la extracción del parásito con una aguja estéril tras la desinfección tópica de la piel. La intervención no suele ser problemática. En caso de sobreinfección bacteriana puede ser necesario utilizar antibioterapia y drenaje del material purulento.



(Texto elaborado por el Dr. Eduardo Malmierca Cuadrado. Servicio de Medicina Interna- Enfermedades Infecciosas, Hospital del Norte, Madrid).

 

Tunga penetrans.