Se trata de una enfermedad febril producida por espiroquetas del género Borrelia. La fiebre recurrente transmitida por el piojo cursa en brotes epidémicos (si bien es endémica en Etiopía, Somalia y Sudán) y es producida por Borrelia recurrentis. La fiebre recurrente transmitida por la garrapata es endémica en varias áreas de la geografía mundial y está producida por otras especies del género Borrelia.


MICROBIOLOGIA.


Borrelia recurrentis es una espiroqueta reconocible en las extensiones de sangre periférica de los pacientes que aquejan fiebre recurrente transmitida por piojos. El único reservorio es el ser humano, aunque también infecta y se reproduce en el interior del artrópodo. Pediculus humanus corporis y Pediculus humanus capitis pueden transmitir la enfermedad, pero el de la cabeza muy raramente lo hace. Por eso esta enfermedad se da en condiciones de mala higiene, pero en población que utiliza ropa. Cuando aumenta la pediculosis aumenta también la prevalencia de la enfermedad, por eso en circunstancias como las guerras ha sido frecuente la emergencia de la fiebre recurrente en áreas donde había desaparecido.


En cuanto a la fiebre recurrente transmitida por garrapatas es endémica, aunque con tasas de prevalencia muy variables, en el sur de Europa, África, Oriente Próximo y la Amazonía. Hay muchas subespecies de Borrelia transmitidas por garrapatas del género Ornithodoros. Las de mayor prevalencia son la B. duttoni transmitida por O. moubata y endémica en África Subsahariana; B. hispanica, transmitida por O. erraticus y endémica en el Mediterráneo Oeste; B. caucasica, transmitida por O. verrucosus y endémica en el Este de Europa hasta Iraq. En el caso de este otro tipo de fiebre recurrente, el reservorio suelen ser distintos tipos de roedores, excepto la B. moubata cuyo único reservorio es el ser humano.  



MECANISMO DE TRANSMISIÓN.


Al aplastar en artrópodo contra la piel del huésped, se liberan las bacterias que pasan al huésped bien por la herida de la picadura del artrópodo o bien por las excoriaciones que el huésped se produce con el rascado. La garrapata o el piojo se infectan al succionar sangre del humano o roedor infectados y la espiroqueta es capaz de reproducirse en la sangre del vector. La bacteria no suele terminar con la vida del artrópodo y se transmite a través de los huevos a las generaciones venideras, habiéndose contabilizado la transmisión hasta a 5 generaciones de garrapatas.



PRESENTACIÓN CLÍNICA.


En ambos casos la clínica es similar y el síntoma fundamental es fiebre, que suele ser de rápida instauración y se acompaña de cefalea, postración y artromialgias, dura 4-7 días y desaparece. Tras un periodo sin síntomas, de duración similar, reaparece la clínica. Estas recaídas ocurren una o dos veces en caso de la transmisión por el piojo, 3 a 6 veces en caso de la garrapata y hasta 11 veces en infecciones africanas. No son infrecuentes la meningoencefalitis, la miocarditis la hepato-esplenomegalia y las adenomegalias múltiples. No es raro que haya tos productiva con o sin infiltrado neumónico. En los casos más graves, que son más frecuentes en la infección por B. recurrentis, puede haber trombocitopenia con petequias, sangrado, citolisis hepática con ictericia, fracaso hepático, coagulación intravascular diseminada (CID), shock y muerte.

La mortalidad en caso de la fiebre recurrente transmitida por el piojo, está en torno al 7% en pacientes atendidos en un hospital


DIAGNÓSTICO.


El diagnóstico se realiza con la visualización de la bacteria en frotis de sangre periférica. La tinción de elección es la de Romanowsky, aunque la espiroqueta se ve bien con preparaciones más habituales como Giemsa o la tinción de Wright. Tras la inoculación de sangre de paciente infectado en ratones, la bacteriemia aparece en 2-3 días. Hay varias técnicas serológicas con dudosa utilidad en la clínica. Es frecuente la positividad de las pruebas luéticas reargínicas. 



HALLAZGOS PATOLÓGICOS.




TRATAMIENTO.


Los antibióticos más eficaces son las tetraciclinas, aunque la bacteria es también sensible a eritromicina y penicilina. Un ciclo corto es suficiente, e incluso hay trabajos que describen la curación con una sola dosis de eritromicina. El tratamiento puede provocar una reacción de Jarish-Herxheimer que, aunque poco frecuente, puede ser mortal. La reacción ocurre más con tetraciclinas que con los demás tratamientos, por eso algunos autores recomiendan comenzar con la mitad de dosis de tetraciclinas o administrar una primera dosis de penicilina procaína y terminar el tratamiento con tetraciclinas. En niños y embarazadas serán siempre la eritromicina o la penicilina los fármacos de elección. La duración del tratamiento no está bien establecida, pero 3-4 días podrían ser suficientes. En algunos casos se han utilizado esteroides antes de la primera dosis de antibiótico  para disminuir el riesgo de reacción de Jarish-Herxheimer con resultados dudosos. En ese sentido también algunos autores recomiendan, antes del antibiótico, una dosis de meptanizol (300-500 mg), un antagonista con cierto efecto agonista de los receptores de morfina.  




PREVENCIÓN.




(Texto elaborado por el Dr. Eduardo Malmierca. Servicio de Medicina Interna-Infecciosas, Hospital del Norte, Madrid).



 

Fiebre Recurrente.