Dengue.
 

Dengue y dengue hemorrágico.


El dengue es una infección viral (Flavivirus) transmitida por mosquitos de la especie Aedes aegypti. Existen cuatro serotipos del virus del dengue (DEN-1, 2, 3 y 4) y todos ellos pueden producir un cuadro clínico similar.


La enfermedad tiene una amplia distribución mundial y su incidencia está aumentando constantemente tanto en América Central y del Sur, islas del Caribe, como en zonas del sudeste asiático y África subsahariana.


El mosquito transmisor del dengue (A. aegypti) habita tanto en zonas urbanas, peri-urbanas como rurales. Se reproduce en pequeñas colecciones de agua como son las que pueden quedar en bidones, ruedas o botes. Tiende a picar durante las horas de luz, principalmente por las mañanas y al caer la tarde. La picadura del mosquito no es dolorosa pero produce picor. Un sólo mosquito puede picar a varias personas ya que ante el menor movimiento del sujeto se espanta.


Los viajeros a zonas endémicas tienen un riesgo considerable de padecer esta infección, particularmente en la época de lluvias o justo después de ésta, cuando el número de mosquitos es mayor.


El período de incubación es de 3 a 10 días desde la picadura y el cuadro clínico se caracteriza por fiebre alta, escalofríos, cefalea, debilidad, intensos dolores músculo-articulares generalizados -es la llamada fiebre quebrantahuesos-, nauseas, vómitos y la aparición de un exantema maculopapular generalizado (50 %) que dura 2 o 3 días y, en muchos casos, aparecen posteriormente petequias y pequeñas hemorragias en forma de epistaxis. El cuadro es autolimitado en el tiempo y cura sin secuelas, salvo intensa debilidad que puede durar varias semanas/meses.


En niños pequeños y adultos expuestos repetidamente a los virus del dengue, excepcionalmente en los viajeros, aparece un cuadro clínico hemorrágico incontrolable a los pocos días de haber comenzado el cuadro febril, teniendo aproximadamente el 30 % un cuadro de hipotensión e hipoperfusión tisular grave. La evolución es fatal en muchos casos salvo que se instaure una terapia de soporte eficaz.


El diagnóstico del dengue es por técnicas serológicas, mediante la detección de anticuerpos del tipo IgM que son positivos a partir de los 6 a 10 días, un título de IgG superior a  1280, o una seroconversión (aumento del título superior a 4 veces).


La enfermedad no tiene un tratamiento específico antiviral ni tampoco hay vacuna disponible. Por ello es primordial aplicar las medidas precisas para prevenir las picaduras de los mosquitos (spray en las habitaciones, repelente cutáneo con Bayperel o DEET, etc), recordando que éstos pican durante el día. La medida epidemiológica más eficaz para reducir el número de casos de dengue es un buen control de los depósitos de agua donde se reproduce el mosquito.