Analgésicos.
 

ANALGESICOS


El dolor  se define como “la sensación y experiencia emocional desagradables asociadas a un daño de los tejidos”. Conlleva siempre la subjetividad individual, que se forma a través de las vivencias de cada persona.


Un buen enfoque de cualquier dolor requiere de una evaluación clínica exhaustiva e individualizada pero diariamente padecemos molestias de intensidad ligera o moderada que pueden ser atajadas de manera sencilla con alguno de los analgésicos que tenemos a nuestro alcance. Esto puede sucedernos durante algún viaje o en cualquier otro momento. A estos dolores leves o moderados vamos a referirnos dando unos pequeños consejos sobre el manejo de los analgésicos habituales.


Nos vemos obligados a destacar que cualquier dolor severo, invalidante o acompañado de otras molestias importantes debe ser consultado a un médico, de la misma manera que debe serlo todo dolor que no cede con los analgésicos que citaremos a continuación.


La  OMS recomienda ajustarse a la escala analgésica para el tratamiento de cualquier dolor. Esta escala consta de:


a) Primer escalón formado por los analgésicos no opioides con o sin  fármacos coadyuvantes.

b) Segundo escalón: opioides débiles asociados con otro fármaco del primer escalón.

c) Tercer escalón: incluye además los analgésicos opioides que se salen de las pretensiones de este documento ya que en ningún caso deben manejarse sin la supervisión médica estricta por sus efectos secundarios.


El primer escalón incluye el paracetamol, el ácido acetilsalicílico (AAS) y los antiinflamatorios no esteroideos (AINES). Son los fármacos de elección en los pacientes con dolor leve que no estén recibiendo analgesia previa. Dentro de los AINES tenemos varios: ibuprofeno, naproxeno, diclofenaco, etc.


De este grupo conviene destacar que tienen un “techo analgésico”, es decir,  existe una dosis a partir de la cual incrementos de la misma aumentan los efectos secundarios sin que esto se traduzca en una mayor eficacia analgésica. Por otro lado, tienen efectos secundarios potencialmente graves como son: intoxicaciones, alteraciones renales, asma y reacciones de hipersensibilidad, molestias digestivas e  incluso hemorragia digestiva.


Para evitar estos problemas podemos dar algunos consejos:


Si hay antecedentes de problemas digestivos debe usarse el paracetamol siempre porque el AAS y los AINES pueden producir molestias como vómitos, ardores e incluso hemorragia digestiva.

Si es imprescindible el uso de AINES puede usarse el ibuprofeno que es el que  tiene menor efecto gastroerosivo o se puede proteger el estómago con fármacos del tipo  almagato,  sucralfato, ranitidina  u omeprazol.

Si se está tomando tratamiento anticoagulante (Sintrom) se puede tomar como AINE el diclofenaco ya que no interacciona él y el resto puede hacerlo.


Es importante tener siempre en cuenta las reacciones de hipersensibilidad (alergias) ya que pueden aparecer erupciones cutáneas o desencadenarse crisis  en los pacientes asmáticos.


Los pacientes con insuficiencia renal y/o hepática graves deben ser aconsejados por su médico para el uso del analgésico más conveniente.


En casos de riesgo de sangrado los más aconsejables son los derivados no acetilados del salicilato (acetilsalicilato de lisina) y el paracetamol ya que no alteran la función de las plaquetas.


El segundo escalón incluye la codeína y la dihidrocodeína que son opioides débiles. Se usan en pacientes con dolor leve-moderado que no se controla con analgésicos menores. No tienen techo analgésico por lo que la dosis máxima solamente se ve limitada por la aparición de efectos adversos (vómitos y estreñimiento, sobre todo). Se puede recurrir a ellos para bajar la dosis de otros analgésicos gastroerosivos ya que carecen de este efecto.


Una práctica muy útil para el control del dolor es asociar varios fármacos como pueden ser  un analgésico menor con un antiinflamatorio o un analgésico menor con codeína o dihidrocodeína.